Madrugada de
Abril, fría y tenebrosa. Ella se despierta de nuevo a las 2:25 a.m. No entiende
porque siempre a la misma hora, pero el miedo invade su cuerpo por esa terrible
corriente de aire frio que recorre su cuerpo. Siente una mirada fija, pero está
sola en su habitación acompañada solo de osos de felpa, libros y cuadros con polvo, no puede ser
posible que alguien la observe. Las lágrimas recorren su rostro, no entiende
que pasa y no puede dejar de llorar.
Minutos luego empieza a recordar aquel
trágico accidente que su vida ha dejado marcada. Aquel siniestro incidente la
vida de su hermana gemela tomo, ahora su alma esta destrozada y ha perdido todo
el amor, he allí la razón del llanto doloroso que corta su respiración.
Deambula por su
habitación buscando una solución a ese intenso dolor cuando de pronto los recuerdos hermosos invaden su mente. Al pasar
las horas el sufrimiento se incrementa, maldice mil veces al vació para no
molestar, grita en silencio para su frágil mente calmar. Siente ira y tristeza,
su hermana fue el ancla que la tuvo enganchada a este mundo del que quiere
huir.
Con la mirada
triste y ojeras tan inmensas como su dolor se recuesta en el sillón, esa
hermosa foto de ambas sostiene contra su
pecho con mucha presión. De nuevo la corriente fría invade su cuerpo, desde el
cuello hasta los dedos. Otra vez escucha la voz del ser amado que está muerto. Pasan
las horas y sigue allí, recostada atormentándose y pensado que debió haber sido
ella la que merecía morir.
-¿Sera posible vivir con este dolor? – se pregunto en voz
alta
-No, no lo vas a asimilar y será imposible de superar –Le respondió su voz interior-
-Duele mucho. Ya no quiero llorar, pero su recuerdo me hunde
en sentimientos y desesperación –sigue platicando con su voz interior-
-Lloraras siempre si no decides. Ve con ella. El más allá
abre sus brazos para recibirte. No lo pienses mas, solo hazlo.
Con la poca fuerza que tienen sus piernas va a su
habitación. -¿Cuántas veces voy a maldecir el destino? –Piensa a cada rato sin
parar. Su mirada refleja dolor, confusión y ansiedad. Su alma está incompleta, ese vacío lo llenaba su gemela. No
paso mucho y ella comienza a delirar, imagina par de ángeles caídos merodeando
por su casa. Su sentido del olfato se agudiza, solo se hace presente un olor a
Azufre que invade su habitación, ve a Lucifer sentado en el sillón mostrando como su gemela arde en el abismo. Grita desesperada, corre a la calle
desorientada y un carro que venía a una velocidad relativamente normal golpea
su cuerpo frágil cuerpo dejándola a 4 metros de la entrada de su casa. Muerte
súbita y sin dolor.

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